
Dicen que la mejor receta para una noche inolvidable es una buena dosis de humor y una propuesta gastronómica a la altura. Y si, además, sumamos un propósito solidario, el resultado no puede ser más especial.
Así fue el evento que tuvo lugar en La Fábrica, donde la comedia y la generosidad se unieron en una velada única. Un encuentro que hizo vibrar a los asistentes con el monólogo Juntos no estamos solos, protagonizado por el carismático humorista malagueño Tomás García y su abuela Paquita.
Un espectáculo sin igual que, en colaboración con Fundación Grupo Premium y la Asociación Dyar, no solo regaló momentos de carcajadas, sino que también contribuyó a una noble causa.

Este evento solidario tuvo como objetivo fomentar la inclusión de las personas mayores y acercarles la oportunidad de disfrutar de experiencias únicas en un ambiente acogedor.
Los fondos recaudados durante la velada permitieron que 100 integrantes de la Asociación Dyar asistieran al espectáculo y, además, se destinó un cheque con los beneficios del evento para continuar con su imprescindible labor. Un pequeño gesto que marca la diferencia en la vida de muchas personas

Porque reír siempre es mejor con el estómago lleno, la velada incluyó una propuesta gastronómica muy especial: tartar de aguacate, croquetas, hummus, bocaditos de queso Brie, lagrimitas de calamar y hamburguesitas de buey, entre otros.
Por supuesto, no faltaron nuestras icónicas cervezas artesanas, además de una selección de vinos y refrescos, el maridaje perfecto para una noche que dejó huella en todos los asistentes.

«En La Fábrica creemos firmemente en devolver a la sociedad parte de lo que recibimos, y qué mejor manera de hacerlo que ofreciendo a nuestros mayores una noche repleta de risas y buena compañía», declaró José Manuel Montalvo, presidente de Fundación Grupo Premium.
Gracias a este evento, no solo se logró el objetivo de ofrecer una velada inolvidable, sino que también se reforzó la importancia de la inclusión y el bienestar de las personas mayores. La felicidad reflejada en sus rostros fue la mejor prueba de que, juntos, no estamos solos.

