

Detrás de cada buena cerveza hay unos ingredientes esenciales… pero sólo uno es responsable de ese inconfundible toque amargo que distingue una caña bien tirada: el lúpulo. Aunque a menudo pasa desapercibido frente a la malta o la levadura, sin él la cerveza sería una bebida completamente distinta. Te contamos qué es exactamente, qué aporta a tu cerveza favorita y algunas curiosidades que probablemente desconocías.
El lúpulo es una planta trepadora cuyo nombre científico es Humulus lupulus. Crece de forma natural en Europa, Asia y Norteamérica, y desde la antigüedad se ha empleado tanto en la cocina como en la medicina por sus propiedades sedantes y bacteriostático. Curiosamente, pertenece a la familia de las cannabáceas, lo que la convierte en pariente cercano del cáñamo, aunque sus propiedades no tienen nada que ver.
Lo que de verdad interesa al mundo cervecero es su flor: una pequeña inflorescencia verde, parecida a una piña o una alcachofa en miniatura, que esconde en su interior la lupulina. Esta sustancia, rica en alfa-ácidos, es la auténtica protagonista de la historia.


El papel del lúpulo es triple y absolutamente decisivo:
Además, contribuye a que la espuma tenga más cuerpo y a que las burbujas se mantengan más unidas. El maestro cervecero decide qué combinación de lúpulos usar y en qué momento añadirlos al mosto, regulando así el nivel de amargor —medido en IBUs— y el perfil aromático final.

Toda esta riqueza aromática cobra vida en La Fábrica Cruzcampo del Soho de Málaga, nuestra micro cervecería en el barrio más artístico de la ciudad. Aquí los maestros cerveceros elaboran más de 30 variedades al año, jugando con más de 30 tipos de malta y lúpulo —e incluso ingredientes tan atrevidos como agua de mar, plancton o kumquat—.
El resultado son las Cervezas del Soho, donde el lúpulo brilla en cada estilo: la Duende, nuestras IPAs refrescantes, amargas y aromáticas, donde el lúpulo manda; la Malagueta, la primera craft beer del Soho, una APA ligera y aromática; o la Descará, lotes limitados con las recetas más locas. Y junto a ellas, la Mijilla, la Salerosa, la Arrecía, la Sembrá, la Coraje y la Reliá: nueve familias en constante evolución, repartidas en 7 grifos que nunca paran de cambiar. Si quieres entender de verdad lo que el lúpulo puede hacer, no hay mejor plan que acercarte a La Fábrica, ver la elaboración en directo y disfrutar de una cerveza artesanal recién tirada. Te esperamos en el Soho, caña en mano. No ni ná.
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