
Que una cerveza diga «sin alcohol» y otra diga «0,0» no significa lo mismo, aunque las tiendas las coloquen una al lado de la otra en el lineal. Una puede llevar una pizca de alcohol residual; la otra, legalmente, no lleva nada.

En España, el Real Decreto 678/2016, por el que se aprueba la norma de calidad de la cerveza y de las bebidas de malta, permite etiquetar como «sin alcohol» cualquier cerveza con una graduación inferior al 1 % en volumen. O sea, que si ves «sin» en la etiqueta, puede llevar alcohol, aunque en una cantidad tan mínima que apenas vas a notarla.
Para llegar a ese nivel tan bajo, se parte de una cerveza normal y se ajusta o se detiene la fermentación en un punto concreto, o se corrige el grado alcohólico después, hasta que el resultado se queda por debajo del 1 %.
La 0,0 no deja margen: no lleva ni una gota de alcohol, ni un resto. Aquí la fermentación también es limitada: se controla para que aparezcan los aromas que asociamos a la cerveza y tenga todo su sabor, pero sin que se genere mucho alcohol. El poco que se forma se retira después con procesos como la evaporación al vacío (el alcohol se evapora antes, a menor temperatura, así se pierden menos aromas) o la filtración por membranas, que separa el alcohol del resto del líquido.
La diferencia está en lo que queda en el vaso: la «sin alcohol» puede conservar hasta un 1 %; a la 0,0 se le retira también ese resto.

Quitarle el alcohol también le quita calorías: aporta unas 7 kcal por gramo, casi tanto como la grasa. Una cerveza normal ronda las 40-45 kcal por cada 100 ml, y una sin alcohol o 0,0 se queda en 15-25 kcal, entre un 40 % y un 60 % menos. El resto (hidratos, vitaminas del grupo B, minerales) apenas cambia; lo que de verdad se pierde es el alcohol.
Según Cerveceros de España, la cerveza sin alcohol creció un 4,6 % en 2025 y ya es el 14 % de toda la cerveza que se bebe en el país. Cada vez más gente la pide, y no solo para conducir o por prescripción médica: muchas veces es simplemente lo que apetece.
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No. A diferencia de la «sin alcohol» (que puede tener hasta un 1 % en volumen según la normativa española), la 0,0 no lleva ni un porcentaje de alcohol.
La cerveza con alcohol engorda más: el alcohol aporta unas 7 kcal por gramo, así que una cerveza normal puede tener el doble de calorías que su versión sin alcohol o 0,0.
Las dos se elaboran con una fermentación limitada y controlada. La «sin alcohol» puede quedarse con hasta un 1 % de alcohol; a la 0,0 se le retira después ese resto con procesos como la evaporación al vacío o la filtración por membranas.
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